
Los iluminados le prometieron encontrar su verdad, su camino y su luz,
con la gradilocuencia de palabras vanas,
con la sabiduría del que no sabe nada.
Y en el oscuro portal sin número de aquella página web,
le vendieron el conocimiento en una botella dorada,
a precio de saldo, a precio de nada.
Pero el tiempo tiene su precio, un altísimo precio.
El tiempo, el tiempo...el mismo tiempo que cava, indolente,
en cada surco de su piel, y cincela en su rostro la historia de su vida.
Y los años pasaron, como pasa un tren de mercancías
por una estación abandonada.
Y en un conato de soledad, recordó su botella dorada,
la que compró en un pague dos y llévese nada.
La tomó con sumo cuidado entre sus manos ya temblorosas;
emocionada, le quitó el precinto de luz y la descorchó.
En ella estaba la respuesta a todas sus preguntas, el amor prometido,
el camino verdadero, la paz de su alma.
Aspiró lentamente, disfrutando el momento;
y al poco, se adivinaba en su rostro desencajado,
la tristeza y el desencanto de saber
que los maestros iluminados,
tan sólo le habían vendido humo,
humo de rancio incienso, finamente embotellado.
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